///Kike Dordal///

La imagen, la palabra, la voz… pinceladas del pensamiento
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Tormentas, Monstruos y Sonrisas


La soledad me atormenta.
En ella, otra vez, casi involuntariamente trato de encontrarme, de verme.
Encontrarme, verme me atormenta.
Entonces, transito las tinieblas que me acercan y me exponen a mis más antiguos compañeros de vida, fantasmas, depredadores, monstruos viscosos y mutantes que sonríen en cada victoria, en realidad en cada derrota, porque lo que ellos no saben es que, si yo muero, ellos también.
Y las hubo.
Hubo derrotas en la que casi muero. Pero viví. Me quedé.
Alguna o varias de ellas me pusieron cara a cara con la muerte, que coquetea en cada oportunidad. Por fin, antes que su coqueteo pareciese histeria, la senté, en un café, cara a cara, en varios cafés, varias conversaciones. Así dirimimos todas nuestras dudas. Quedó claro. Nunca la iré a buscar. Nunca me seducirá, me llevará si, algún día, pero contra mi voluntad, siempre.
Eso quedó claro. A ella y a mí.
Y es precisamente esa claridad la que me permite transitar las tormentas y sus compañeros, los tormentos, oscuridades y tinieblas.
Con la certeza que, en más o menos tiempo o aún en el tiempo del no tiempo, las noches, aún las eternas, fueron seguidas de luz, aunque destellos,  y esa luz, breve pero intensa ilumina rostros que, no me queda claro, si sonríen por que son iluminados o viceversa, lo que me importa es la sonrisa.
Igual sucede con las tormentas.
No la hay eterna.
No la hay mortal.
Y acá, precisamente acá, está el secreto.
Ese oscuro objeto de deseo.
Transité, hasta hoy, casi involuntariamente, la vida con paraguas, techos, más o menos fuertes, reparos, cobijos y rincones más o menos cómodos que me protegieron de las tormentas y sobre todo, de la muerte.
Y funcionó.
Pero no alcanzaron para que una sonrisa, casi involuntaria, se instale en mi cara.
Y eso no está bien.Entonces decidí buscar voluntariamente la soledad, voluntariamente encontrarme y verme, voluntariamente atravesar tormentas, tormentos y tinieblas, para por fin, y hasta que la muerte me lleve, casi involuntariamente, poder instalar en mi cara una sonrisa.
Lo bueno de esta clase de sonrisas es que las poder regalar.
Lo bueno de ver estas sonrisas es que te enamoran.
Con absoluta voluntad.

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Posted in ¿Poemas? 3 aoss, 7 mess ago at 21:32.

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